Diari d’un confinat. Capítol 25

tonto

Estimado, o no:

Es real. Tan real como el contrato de trabajo del rey, pero real, al fin y al cabo. Además, lo ha dicho el mismo Donald Trump. Entre chute de lejía en vena para matar al bichito y chupito de gel hidroalcohólico, ha tenido tiempo de analizar el confinamiento catalán.

En honor de las colles castelleres, debo decirte que hoy era San Mascarilla, patrón de los que no han comido allioli (recomiendo, por experiencia propia, evitar esta magnífica salsa si después debes llevar mascarilla). Pues eso, que como era una fecha tan señalada, los castellers han hecho exhibiciones por toda Catalunya. Tres de deu amb folre i mascarilla era un castillo inédito y había que probarlo.

Cambiando de tema: llevo tiempo preguntándome sobre la relación entre la bandera de España y los tuits raros. Estoy seguro de que alguna universidad americana hará uno de esos estudios molones a los que nos tienen acostumbrados. Lo digo porque he observado cierta correlación entre el uso de la bandera española y los contenidos extraños en los tuits, algo así como coleccionar huesos de oliva, bailar la música de Netflix o morderte las uñas de los pies. La bandera española tiene algo especial, es como una tabla ouija. De hecho, ambos objetos parecen tener la misma función: apelar a los fantasmas.

Vuelvo a cambiar de tema. Según el primer “Estudio sobre el Impacto de las Fake News en España”, realizado por Simple Lógica en colaboración con el Grupo de Investigación en Psicología del Testimonio de la Universidad Complutense de Madrid, el 86% de la población española se cree las fake news. El 60% cree que sabe detectar las noticias falsas pero sólo el 14% las diferencia. Un drama. Sólo el 4% de la población crea y distribuye noticias falsas pero ese 86% hace daño porque está en juego la democracia. También he comprobado que la ironía es algo que funciona mal, tanto para quien pretende ser irónico sin lograrlo, como para el que no sabe distinguir la ironía de los mensajes verídicos. No voy a entrar en temas filosóficos sobre qué es la verdad. Y es que para eso está la filosofía de la percepción, que estudia en qué medida los procesos mentales y signos dependen del mundo interno y externo para ser percibidos. Yo lo que creo es que tendemos a creernos lo que queremos creernos y rechazamos a priori lo que no queremos que sea cierto. Y así, desde niños, vamos llenando nuestro pensamiento con juicios alimentados por estereotipos que pretenden confirmar lo que sospechábamos. Chungo. Muy chungo. Por eso, aunque hayas demostrado más ingenuidad que un Teletubbie en una fiesta de intercambio de parejas, aplaudo que hayas querido buscar la confirmación. “Cogito, ergo sum”, “pienso, luego existo”. A esa conclusión llegó Descartes en una exhibición castellera en pleno confinamiento mientras… Mejor lo dejo, ¿no?

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