Category: Actualitat

La azarosa vida del bacilo tuitero

españolorgulloso

No quiero pecar de vanidoso si afirmo que tengo alma de narrador. No digo si bueno o malo. En todo caso, me encantan las historias y éstas siempre están nutridas por personajes. En el Ars Poética, Aristóteles define la mimesis como la imitación de la naturaleza en tanto fin esencial del arte. De esta manera, a través de la imitación de la realidad, los artistas nos ofrecen la posibilidad de alejarnos de ella, tomar vista de pájaro e intentar entender los tiempos en los que navegamos (o naufragamos). En ocasiones también resultaría útil alejarnos del tiempo pero vivimos en presente, con la espada de la incertidumbre que otorga el futuro colgando sobre nuestras cabezas.

He leído este tuit e inmediatamente mi enfermiza imaginación se ha puesto en marcha para intentar adivinar cómo es este tipo. ¿Sería un personaje de Berlanga o de Jean Pierre Jeunet? ¿O quizás uno de Santiago Segura? ¿Dónde vive? ¿Qué ropa lleva? ¿Es un humorista inteligente que nos toma el pelo a todos? ¿Es algún guionista de televisión que tiene una vida paralela como tuitero anónimo? ¿O realmente es un tipo ignorante, inculto y facha? No lo sé. En todo caso, para un narrador es oro puro porque, ya sea a través de la caricatura o a través del esperpento con piernas, permite entender esta extraña época en la que vivimos.

En 1988 estuve en Cuba. No sé ahora pero la sensación entonces era que el tiempo se había detenido en los sesenta. Todo respiraba una atmósfera decadente con ciertos ecos de grandeza. Sin embargo, era como una preciosa foto arrugada. Los colores vivos de la Habana vieja contrastaban con la falta de recursos, la alegría contagiosa de sus calles y sus gentes eran el contrapunto a unas carencias difíciles de disimular. Estos últimos años he tenido sensaciones extrañas, como si nos hubieran subido a todos en un DeLorean y Marty McFly nos hubiera soltado en alguno de los últimos años del franquismo. Resulta cansino recordar que hay presos políticos, exiliados, raperos a punto de entrar en la cárcel por una canción o un actor con citación judicial por herir los “sentimientos religiosos”, como si estos perteneciesen a alguna categoría superior que el resto de sentimientos. Espero que si un día Letizia decide divorciarse no la imputen por herir los sentimientos del rey. Tampoco pondría la mano en el fuego porque no sucediese.

Y así estoy: enamorado cada día de los posibles relatos que pululan por Twitter e indignado por una realidad que cada vez parece más difícil de cambiar. Quijotes alienados por una bandera de bazar chino, Tenorios que violan en grupo, jueces que de Perry Mason no tienen ni la mirada, un museo de salvapatrias trasnochados, ignorantes orgullosos de serlo, sociólogos que se sacan la carrera mirando Espejo Público y ladrones que son votados una y otra vez por una masa acrítica y calientasofás.

Bacilar. Lo he leído y no he podido evitar pensar que se trata de un adjetivo que procede de la palabra bacilos. Curiosa paradoja para un país lleno de bacterias intelectuales en las que alguien debería abrir ya la ventana y dejar que entrara aire.

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