Category: Actualitat

¡¡¡BASTA!!!

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Esta mañana he visto un magnífico documental que está nominado a los Oscars llamado Life, animated, dirigido en el 2016 por Roger Ross Williams. En él se explica el caso de Owen Suskind, un joven de veintitrés años que fue diagnosticado de autismo con apenas tres años de edad. Lo extraño del caso fue que experimentó grandes progresos en su socialización gracias a las películas Disney. Los argumentos y los personajes de ese universo de ficción animada provocaron que poco a poco encontrara algo de sentido en ese mundo caótico en el que el trastorno le había situado. Uno de los momentos más duros del documental tiene lugar cuando explica el bullying que sufrió en el instituto y su identificación emocional con Quasimodo, el protagonista de El jorobado de Notredame. Y es precisamente en ese instante en el que, como espectador, recuerdas la omnipresente figura de aquél que, como misión última en su existencia, parece tener la de convertir las vidas ajenas en un infierno. Hablo del abusador.

Están en todos los sitios y lo han estado en todas las épocas y momentos. Esperan sus quince minutos de gloria. Son los abusadores. Su presencia se filtra como el veneno en un organismo. Y tienen idéntica misión. Son tóxicos, causan daño, deterioran esperanzas, amputan sueños y, sobre todo, se hacen notar. A falta de argumentos que les dote de cierta humanidad, se dedican a joder a los demás. Así, como deporte, como leit motiv vital, como máxima aspiración en su miserable vida. Y los hay de todas las edades y condiciones. Son los que llaman gordito al niño con sobrepeso, cuatro ojos a la niña que padece miopía o moro al escolar de origen marroquí. Quizás sus padres también pertenecen a ese museo de fracasados morales. Quizás en su casa viven infiernos provocados por otros abusadores y el abuso se transmite de generación en generación. O quizás, no. Quizás nacieron siendo así. No lo sé. Habrá estadísticas, estudios y doctos expertos nos intentarán dar razones, hablarnos de las causas y determinar que detrás de cada abusador también hay un ser humano que merece cariño. No lo sé. Repito: no lo sé. Pero eso no significa que no debamos protegernos de ellos porque, a veces, los abusadores consiguen un poder que no merecen y ese poder se utiliza para imponer modelos sociales ajenos a cualquier sentido común. ¿O es que no hay abusadores en la política, en las grandes corporaciones o en el mundo de los omnipresentes medios de comunicación?

Unos dirán que a los imbéciles que se hacen fotos con armas, las cuelgan en Twitter y amenazan a personas no hay que hacerles caso, que solamente buscan protagonismo. Como si se tratase de una fiebre que desaparece sola. Otros dirán que hay que cerrarles la cuenta. Incluso algunos pedirán que actúe la Fiscalía. Lo cierto es que ahí están los abusadores. La agresividad, los insultos o, incluso la violencia, son sus formas de relacionarse con la sociedad. Y detrás de los abusos hay personas que sufren. Y un solo segundo de sufrimiento motivado por estos seres asociales ya es suficiente para gritar BASTA.

Del documental Life, animated me llevo a mi colección de frases favoritas un pensamiento del padre de Owen Suskind. Es solamente una pregunta pero contiene mucha más verdad que un millón de fotografías de indigentes morales con un arma: ¿quién decide lo que es una vida con sentido? Por eso, abusadores del mundo, maltratadores, fascistas, matones: no sois nadie para decidir qué es una vida con sentido, entre otras cosas, porque no habéis sido capaces de encontrarle más sentido que generar infelicidad. Al final, uno puede haber logrado distinguirse de sus congéneres por su inteligencia o humanidad, o por ser un desalmado. Seguramente es cuestión de elegir.

#Àlex_Ribes

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