Dedos morcillones

jesus

Estimado, o no, Jesús:

El diccionario de la RAE afirma que la cultura es el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico” y también el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”. Yo diría también que la cultura es lo primero en lo que los gobiernos efectúan recortes cuando la economía va mal y aquello con lo que les gusta hacerse fotos cuando las cosas van bien. Sin embargo, la cultura siempre parece estar bajo la mirada crítica de aquellos que desconfían de ella o, al menos, que no la valoran con la suficiente fuerza. Porque la cultura va adscrita a las aspiraciones que tienen algunas personas de entender este extraño teatro que es la vida.

La cultura la hacemos las personas. Todas. Desde el catedrático universitario con decenas de publicaciones, hasta el tuitero que en vez de dedos parece que tenga morcillas, a juzgar por cómo las letras vienen y van sin ningún criterio. Todos formamos parte de ese conjunto de modos de vida y costumbres y todos (de alguna manera) atesoramos un conjunto de conocimientos. Aunque esos conocimientos sean, por ejemplo, cómo dejarse la uña del dedo meñique larga para que se convierta en uña multiuso, tanto para tocar la guitarra, como para explorar las profundidades de un orificio auditivo que jamás conoció las bondades de los bastoncitos de algodón.

Todos contribuimos a la cultura y nuestra foto saldrá en los libros de Historia de los niños del futuro. Tenemos, por lo tanto, una cierta responsabilidad con el futuro. Lo que hagamos aquí repercutirá en las culturas que continuarán nuestro legado. Por eso, leo tu tuit y una sensación de angustia existencial se apodera de mi maltrecha mente de cincuentón nihilista (sí, lo sé. Me ha quedado pedante). Lo que quería decir es que me has dejado más hecho polvo que Cristiano Ronaldo cuando descubre que se le ha acabado la gomina y sólo tiene su millonaria saliva.

Aber tonto del culo eres o te aces al subnormal eso es españa idiota fumata aztelo mirar con siquiatra xq tu estan mal la verdad mas tonto no se puede subnormal deves fumar algo rraro rrufian alias el jilipollas”. Leo tu tuit y sólo se me ocurre decir: uf… Y es que a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, un señor que vivía en un pequeño pueblo llamado Stratford upon Avon escribió el siguiente texto:

Ser o no ser, he aquí la cuestión. ¿Qué es más elevado para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o tomar armas contra el piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? Morir…, dormir; no más ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir… dormir, tal vez soñar! ¡Si, ahí está el obstáculo! Pues es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevivir en ese sueño de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida.

Es que lo lees y piensas: “qué bien escribía este tipo, ¿no?”. Y después piensas que más de trescientos años separan un “¿que es más elevado para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o tomar armas contra el piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?” de un “aber tonto del culo eres o te aces al subnormal eso es españa idiota fumata aztelo mirar con siquiatra xq tu estan mal la verdad mas tonto no se puede subnormal deves fumar algo rraro rrufian alias el jilipollas”. Y claro, a uno le entra cierta angustia existencial porque entre Shakespeare y tu simpático tuit han vivido las hermanas Brontë, Austen, Neruda, Hemingway, Scott Fitzgerald, Lorca, Martí i Pol, Philip Roth, Paul Auster, Virginia Wolf, Murakami y todo, ¿para qué? ¿Para que nos destrocemos en Twitter y de paso arruinemos la belleza de una lengua como la castellana? Que conste que no te estoy metiendo bronca, pero si tienes la desgracia de contar con unos dedos modelo Shrek que te impiden escribir correctamente, cómprate una tablet de 50 pulgadas. Hazlo por Shakespeare, por favor.

Así, la conciencia nos vuelve cobardes a todos y así el primitivo matiz de la resolución desmaya con el pálido tinte del pensamiento, y las empresas de gran aliento o importancia, por esa consideración, tuercen su curso y pierden el nombre de acción”. No me digas que no mola.

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