Carta a Tejero

tejeromolina

Estimado, o no, Antonio Tejero Molina:

Yo tenía exactamente 13 años, 5 meses y 17 días de edad cuando entraste en el Congreso de los Diputados al grito de “quieto todor mundo”. He preferido escribir la traducción fonética aproximada para subrayar el surrealismo de la situación. Si te soy sincero, la política me interesaba más bien poco en aquella época. Por ese motivo, lo primero que me impactó por la televisión fue ver a un hombre tirando a bajito, con un gorro que ya juzgada ridículo en aquella época y que sujetaba una pistola con el mismo entusiasmo que cualquier hombre sujetaría su pene en un urinario público, con meneíto final incluído.

No sabía mucho de Historia en aquellos tiempos en los que estaba más preocupado por hacer pronto los deberes para sentarme delante de la tele. Observar a todos aquellos machotes disparando a diestro y siniestro me pareció tan peligroso como ridículo. Vi el forcejeo de Gutiérrez Mellado con un Guardia civil y no se parecía en nada a las hostias que daba John Wayne en las películas.

En casa, mis padres estaban preocupados. Eso lo recuerdo perfectamente. No había Twitter. Nos libramos de leer los tuits fachas de los que sin duda habrían llenado la red de pollos franquistas (siguen estando ahí. No dan respiro). Recuerdo la intervención del suegro de Urdangarín. Parecía salido de una maratón de cine de terror. Con su dicción borbónica nos dijo a todos “tranquis, que controlo” y en 89 segundos su canción de “Cómo mola la Consti” duró menos que el reggeaton estandard. Mientras, tú estabas en el Congreso, con tu tricornio, tu bigotazo y tu mal café, secuestrando a los diputados como si eso fuese el episodio más cutre de “Los hombres de Harrelson” (mi serie favorita unos años antes). Visto con perspectiva, lo del 23F fue el segundo episodio más grotesco de la historia de España (he escrito el segundo porque el primero está por venir estos días de histerismo constitucional).

Y cuál ha sido mi sorpresa cuando he leído tus declaraciones en diferentes medios. Ha sido como recuperar “Los hombres de Harrelson (versión residencia de ancianos)”. ¡TJ a por la Viagra! ¡Luca, te toca la pastilla de la tensión! Y es que me parece alucinante la capacidad que tiene la ultraderecha para desenterrar a las momias. Desenterrar a las víctimas de las cunetas no es una de sus habilidades, pero tiene el know how de sacar a las momias de los sarcófagos de la historia para que den su opinión sobre todo.

En fin, Antonio Tejero Molina, debe ser complicado aceptar que te recuerden como el del “quieto todor mundo”. Sin embargo, creo que más complicado debe ser no poder dar ni siquiera una charla a tus amigotes de ultraderecha sobre cómo se organiza un golpe de estado. Bueno, con unas copichuelas de buen vino español, la memoria es capaz de distorsionar hasta los peores fracasos. Mira a Aznar. Después de haber llevado a un país a una guerra basada en mentiras aún tiene la indignidad de dar lecciones políticas. En fin, ¿cuántas horas faltan para el 1 de octubre?

nou final

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