Una bolsa de plástico que busca su lugar en el mundo

Ollerme

Estimado, o no:

Ya lo he mencionado antes en alguno de estos extraños posts que cuelgo en el blog pero si hay una escena que recuerdo de la película “American beauty” es la de la bolsa de plástico. Te explico. Un personaje llamado Ricky le deja ver a una amiga suya un vídeo grabado por él mismo en el que una bolsa de plástico parece danzar al viento. Todo se antoja mágico en lo que objetivamente es un momento anodino. Sin embargo, cuando uno tiene la mirada educada en captar detalles, es capaz de encontrar belleza allá donde los demás no ven más que una bolsa de plástico en una calle sucia.

Tengo una edad en la que mi relación con el mundo se ha hecho más profunda. Con cierto esfuerzo, con sueños que se han ido quedando en el museo de oportunidades perdidas y con la experiencia que dan los años, me he dado cuenta de que si hay algo importante en esta experiencia que es la vida, es la búsqueda de la belleza.

Ésta es caprichosa, cambiante, relativa. La belleza es un espacio común de momentos compartidos en los que el infinito dialoga con lo fugaz y los fracasos se dan cita con éxitos momentáneos. En la belleza hay verdad y también mentiras que dan sentido a lo que es cierto. Y tanto la realidad como la ficción conforman nuestra manera de ver el mundo.

Observa este conjunto escultórico:

LA-EDAD-MADURA-DE-CAMILLE-CLAUDEL

Se llama “La edad madura”. Fue realizado por Camille Claudel, alumna y amante del escultor Auguste Rodin, bastantes años mayor que ella. Fue además su colaboradora y musa, su mano derecha y su modelo. Sin embargo, Rodin se enamoró de otra mujer: Rose Beuret. A raíz de la ruptura sentimental, Camille le describió perfectamente a su amante cómo se sentía en ese momento. El hombre (la edad madura) es arrastrado por una anciana (Rose Beuret). Mientras, una joven arrodillada (la juventud y ella misma) parece suplicar que no le abandone. ¿Bello? No, lo siguiente.

Ahora, fíjate en este cuadro:

Andrew Wyeth - Christina_s World2

Es “Christina’s world” y lo pintó Andrew Wyeth en 1948. En él vemos a una joven de espaldas que parece querer alcanzar la casa sin lograrlo. Es pura fragilidad, soledad y vulnerabilidad. El pintor americano se inspiró en Christina Olson, una vecina a la que había conocido a través de su mujer. Christina padecía una incapacidad motora producida por una poliomielitis que la había afectado en su juventud. Sin embargo, no se resignaba a permanecer sentada todo el día, ni a usar una silla de ruedas. Se arrastraba por el campo de donde recogía flores para adornar su casa. ¿Triste? Sí. Pero de una arrebatadora belleza también. Por cierto, la casa se conserva aún. Está en Cushing, Estados Unidos.

2015-08-04-d-olsen-casa-del-cuadro-wyeth-11

Y ahora me dirás, ¿por qué me sueltas este rollo? Porque estoy convencido de que la vida dura muy poco, de que somos demasiado frágiles, de que el amor puede dar sentido a muchas cosas pero que al final es fugaz, de que siempre hay un abismo esperándonos y de que la respuesta está en nuestra capacidad para captar la belleza. Por eso, permíteme que no me sienta aludido si me llamas separrratista (con tres erres), adoctrista u odiotista porque, para empezar, deberían ser palabras incluidas en algún diccionario. Además, hay demasiada belleza en el mundo esperando ser descubierta como para que la bandera española ocupe un espacio en ella. “A veces hay tantísima belleza en el mundo, que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando”, dice Ricky mientras la bolsa de plástico busca su lugar en el mundo.

P.D. Gràcies a la Georgia Mainou pel tuit.

nou final

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