Amargados de la vida

noramoran

Estimada, O NO, Nora:

A lo largo de los años he adoptado determinadas costumbres: no viajo en metro al lado de personas que lleven lanzagranadas, no desayuno junto a caníbales e intento evitar situarme cerca de personas amargadas de la vida. Creo que son tres preceptos que de momento me han ido bien. Tengo otros, como dejar de ser español cuando pueda, pero está siendo más difícil que entender a Zoido cuando habla.

Los tipos con lanzagranadas son peligrosos; los caníbales, ni te digo; pero las personas amargadas de la vida son el peor equipaje que uno puede tener a su lado. Su falta de ilusión, su falta de compromiso con su propia vida, sus nulas ganas de buscar un futuro mejor, su “virgencita que me quede como estoy” y su carencia absoluta de horizonte, no sólo son capaces de destruir su vida, sino que además llenan de toxicidad la vida de los demás. Hay que huir de los amargados. ¡Fuera! ¡Que se alejen de todo espacio público! ¡Que no contaminen con sus miserias y sus neurosis a los que queremos vivir en paz, alegres y esperanzados!

Las personas amargadas prohíben, golpean, amenazan, vetan, boicotean, piden prisión a todo el que no piense como ellas y pretenden hacer pasar por el aro la disidencia. Sus orejotas podrían ser tan grandes como un millón de Constituciones abiertas de par en par y seguirían sin querer escuchar. Su zona de confort es su mundo, su culo pegado al sofá es su leit motiv, sus palabras son las palabras de otros, convierten anécdotas en toda una categoría y se agarran al hueso de su día a día como un perro a su más preciado tesoro.

Hoy en Bruselas hay miles de personas con las baterías de la ilusión cargadas a niveles estratosféricos. Son personas que han hecho 1400 kilómetros o más en todo tipo de transporte porque tienen voz y se quieren hacer oír. Porque esa voz ha sido negada una y otra vez por la enorme maquinaria mediático-política de España. Y ya os gustaría a los amargados del régimen del 78 tener un 1% de toda la ilusión colectiva almacenada en esas almas. Ya le gustaría a Rajoy, Sánchez, Zoido, Montoro, Dastis, Rivera y a todo ese ejército de amargados de la vida que les brillaran los ojos como brillarán los ojos de miles de catalanes. Ya os gustaría a todos vosotros, los que os ponéis la Constitución en la boca como quien ingiere placebos en forma de cápsulas, los que creéis que España es poco menos que el paraíso en la Tierra, los que menospreciáis todo lo que venga de Catalunya, tener una simple brisa del aliento de tantas bocas gritando “llibertat”, cuando os han robado el país en vuestra propia jeta y parece que os guste.

Digo adiós con todas mis fuerzas a los amargados de la vida, a la gente tóxica. Sortiu de la meva vida d’una vegada!

nou final

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